Estaba en mi casa luego de un día de trabajo, tú estabas en casa con tus abuelos, o eso era lo que tenía entendido, y esto es un relato para cuando te mires al espejo y no entiendas por que algo no concuerda en tu hermoso rostro.
Suena la puerta, son mis padres, como olvidar esa tarde “noche”, cuando me dicen siéntate, tenemos que hablar…
Julio y yo preocupados cada uno por su lado, y ellos comienzan, los interrumpo, ¿y Vicente? ¿Dónde está?, ¿se quedo en casa? No, en realidad no está en casa, a eso vinimos. Tuvo un accidente dicen y julio se para de manera abrupta, dándose vueltas por la casa, aun no entiendo mi reacción, pero no fue la misma, de hecho tanto era el miedo hacia las reacciones de mis padres, que simplemente lo omití.
¿Qué accidente? Pregunte, bueno entre mil y una explicaciones lo que alcance a entender, fue -“se quemo” y completando esa frase, -“está hospitalizado” ah! Ok dije, Julio aun más molesto y entre ellos, una pelea que simplemente se torno borrosa para mí, la impotencia de no poder hacer nada y cierto orgullo de saber que a mi lado no paso eso y no pasaría.
Y ¿dónde está? Dije, nombraron un hospital público de niños, ok dije. Y así paso.
Mi fría reacción termino, cuando llegue con mi ex suegra, la madre de Julio, a dicho hospital y nos perdimos, ella era bien condescendiente y a ratos cínica. Llegamos a una sala, UTI decía afuera, obviamente yo entendía esas siglas, pero dije,-“ no puede ser” y abro la puerta, una enfermera me deja pasar, así como así le digo vengo a ver a mi hijo y nada más, mi corazón se acelera de manera creciente, y veo unos piececitos pequeños, subo la mirada y una cúpula que está arriba de la cabeza de un niño, aproximadamente de la edad de V. Tomas además de tubos y demás, mi corazón se paró por algunos segundos, creo, quizás no fue así, pero yo así lo sentí, que mi mundo se derrumbaba de apoco y que injusta y mezquina era la vida, con los que queremos vivirla.
Mi hijo…
Me acerco y me doy cuenta, que en esa cama solo hay un niño rubio, -“un segundo, mi hijo no es rubio”… un respiro, me voy de ahí con un poco de frustración, alegría, miedo y otros sentimientos revueltos.
Pabellón de quemados, ingreso y doy el nombre de mi V. Tomas, me preguntan –“¿y usted quien es? creo que no hubo una ocasión donde lo dijera más segura de mi misma, con un tono fuerte y agresivo, -“SU MAMÁ, soy su mamá… “adelante, dice la gorda y aburrida funcionaria del hospital que leía una revista de cosméticos.
Pasillo eterno, donde mis pasos se sincronizaban con los latidos de mi corazón, cada vez más rápido y más rápido…
Puerta al costado derecho desde la entrada, camillas y mi madre sentada tomando la mano de mi bebé, tranquilidad. Mi suegra quedo afuera por supuesto, y entonces V. Tomas se gira hacia a mí.
Un cintillo azul, que afirmaba su larga cabellera negra preciosa, en aquel entonces con dos añitos un piyama y carita su hermosa carita de niño, pero algo que no estaba, una “costra” en su ojo derecho, que yo en ese momento confundí con algo irremediable, -“un ojo menos” dije, no, no era así, pero para mí fue como si todo lo que me aguante en decir, cuando estas personas fueron a mi casa y me dijeron esas frases dentro de un contexto que no tome en cuenta, y uní en lo siguiente nuevamente,-“ V. Tomas se quemo, y está hospitalizado(…)”, exploto en un llanto de adentro desde las entrañas, desde el interior mismo de una madre que llora una perdida, de una amante engañada, de un ser viendo su futuro quebrarse, solo comparaciones dentro de algo, perdón dentro de lo más terrible que hasta el momento he sufrido, aun mas que cuando Julio me fue infiel aun mas que cuando mis padres me castigaban y me golpeaban de vez en cuando, aun mas que cuando me molestaban en los diferentes colegios en los que estuve, en fin .
Mi tomas y un ojo colorado, su cintillo, su piyama, un abrazo, pero estimados amigos míos, lo mas tétrico fue lo siguiente, al momento de terminar la visita encontrándose en un hospital Público, llegada la hora de irse.
Para mí, ver a mi hijo amarrado para no rascarse o no pasar a llevar esa herida, esa maldita herida, a causa de un maldito descuido por parte de la gente en la que confiaba, y es un accidente claro, pero bueno.., no entrare en cosas que ya no se pueden retroceder, volviendo al relato, ver a mi hijo llorando apretarme los puños para no golpear a esa funcionaria que simplemente cumplía su trabajo, sentir sus gritos, las patadas y verlo ahí sufriendo por algo que no fue ni su culpa ni mi culpa … para mi cambió la forma de ver el apego, no tan apego, ver que es un ser humano más y que mi hijo, ver que el debe sufrir, llorar, caer, etc.
Y bueno, ahora feliz, él no lo recuerda… pero yo no me olvidare del día que me sentí mas madre que nunca.
++ luna al atardecer ++
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