sábado, 12 de noviembre de 2011

La transición de una mente con recuerdos.


Caminando, por un pasillo, llego a la escalera, pienso... ¿qué haré? quiero un cambio, quiero de una vez por todas ser lo que debo ser y ya no ocultarlo, demostrarme a mi misma la “vagabunda desquiciada” que llevo dentro y pulirla para descubrir hasta donde ha de llegar, una mujer indescriptible pero mas común de lo que aparenta.
 Sigo mi camino y llego a una tienda, reviso algunos discos y me encuentro con la música que buscaba, algo que había escuchado hace no mucho, algo nuevo, que le viene y encaja a esta etapa de transición en mi vida, no sabía su nombre pero lo reconocí fácilmente, mi memoria aun no falla por completo.
 Esos sonidos atrayentes, me dejaron acostada en la melodía de sus compases unas notas alegres pero con letras tristes, algunas de entrañas como lo que he vivido, sin embargo, la diferencia en ese viaje, es que no recordaba escenas con ella, no había melancolía más que unas ganas de conocer ese mundo enigmático para mí, casi como un niño que está en gusto y sabor de lo que le rodea.
Sentí que debía, que ya era la hora, y a la vez, algo venia a mi mente, unos sonidos aun mas enigmáticos que me ayudan en mis momentos de vacios, cuando me desintegro de manera soluble y mis pensamientos se convierten en nada más que el sutil sonido de la agonía, plasmado en una trompeta triste, un chasquido de platillos y un piano que envuelve toda esa hermosa y lamentosa melodía de música negra.
Ya encontrado el tesoro, me dispongo a caminar en busca de un poco de literatura, pero esta vez no algo tan complicado como citas a grandes de la historia, sino más bien un poco de poesía un poco de literatura noble y bella vidas, argumentos que resuenan como trinar de pajarillos dentro de mi cabeza ilustres historias de autobús de micro o de vagón del metro, que me hacen dejar de criticar y me llevan a otros mundos (apagan el sonido de la gente que rodea habla y no dice nada, si de esas personas que se creen dueños del mundo de toda verdad y son dueños de la misma, esos tontos enumerados que no hacen más que hablar de mas), donde quiero adentrarme y no salir hasta que me sienta con ganas de seguir de trotamundos por los universos de las palabras.

… y ahí no salir jamás.

++ luna al atardecer ++

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